Fotografía y terapia

Hailey Kean


 A la memoria de Jorge Elizondo, 
gran escultor, mejor amigo. 

 Como a mí, es probable que a usted le llame la atención ver estas dos palabras juntas, no es usual, y, sin embargo, en otros ámbitos hasta de Fototerapia ya se habla. En realidad es un genérico que abarca múltiples prácticas y puntos de vista, que, en algunos lugares, por ejemplo España, se vienen aplicando desde hace tiempo. 

 Según su orientación, cada práctica terapéutica define sus objetivos y criterios de sanidad, pero en términos generales, podríamos decir que todas buscan, fundamentalmente, la felicidad del paciente o que viva su vida lo más feliz posible, para lo cual todas, o la mayoría, se orientan a disminuir las consecuencias negativas de la conducta anómala o disruptiva; a manejar y manejarse en su medio ambiente natural sin conflictos; a tomar consciencia de la etiología de su problema a fin de su identificación, reconocimiento y manejo; se podría decir que las mismas metas se fijan lo mismo en las terapias individuales que en las grupales. 

 Muy bien, pero ¿por qué recurrir a la fotografía para lograr alguna de estas metas o su totalidad? Antes de seguir habría que aclarar que no es nada fuera de lo común el emplear la práctica de distintos oficios, los artísticos, incluidos, en las terapias, sobre todo las ocupacionales, pintar, dibujar, tejer, modelar en barro, son de las actividades más recurridas en este tipo de terapia. Caso distinto es el de la escritura, que también se recurre a ella, pero en acercamientos más profundos y dinámicos. Así pues, ¿por qué ahora le toca a la fotografía? Dos de los planteamientos teóricos sobre la fotografía más aceptados, son, por una parte, el que la asocia a la memoria, pero no en general que es lo que pudiéramos pensar (la fotografía nos permite recordad cosas, personas y acontecimientos del pasado), sino más bien a una memoria selectiva que actúa en función de determinados intereses, de la misma manera en que olvida otros. Por otra parte, la reflexión que acerca la fotografía a la práctica terapéutica, nace de su relación, o mejor dicho, de su capacidad para demostrar el funcionamiento real del inconsciente y las formas, modos, en que se manifiesta en la vida cotidiana, tal y como lo demostró el propio Freud en sus estudios sobre los olvidos voluntarios, los chistes, los lapsus linguae y demás actos fallidos. 

 En el primer caso, se le pide al paciente que fotografíe su entorno, el íntimo, el familiar, el comunitario, o que encuentre fotografías que representen, por ejemplo, estos escenarios, aunque pudieran ser muchos otros, incluida la práctica del Selfie. Se espera que a partir de describir estas imágenes y hablar acerca de ellas, el paciente vaya aprendiendo, por un lado, a identificar objetivamente, aquellos detalles de los lugares en que se mueven que le causan conflicto y que, a partir de ahí, aprenda a manejarse en esas situaciones y reduzca, al saber manejarse en ellas, el conflicto que le haga surgir una determinada situación. De la misma manera, el empleo de la fotografía con grupos de riesgo busca hacer objetivas –que se vean como tal-- las consecuencias de ciertas conductas, por ejemplo, el abuso de substancias prohibidas. Finalmente, ejercicios como los que lleva a cabo el francés J.R. de insertar imágenes gigantes en zonas de conflicto, de sus habitantes, pueden llegar a reducir las tensiones entre grupos opuestos e iniciar diálogos de integración. 

 La relación de la fotografía con el inconsciente, que fue uno de los aspectos que Breton destacó del medio, está claramente ejemplificada en la película Blow-up del director M.A. Antonioni de 1966 con base en un cuento de Julio Cortázar. La idea es que así como en una fotografía, quedan impresos aspectos, detalles que ni el propio fotógrafo vio y/o controló en el momento de la toma, así, nuestra memoria, conserva zonas que nos son desconocidas y que pueden llegar a ser las responsables del conflicto emocional. Creo que, independientemente de estos u otros usos y de la orientación que sea la terapia, lo cierto es que, día a día entre distintos terapeutas, el uso de la fotografía como recurso en el tratamiento de sus pacientes es desde ahora una realidad.

Publicado en Milenio Diario
Imagen: www.dianabeatrizfotografiaypintura.com

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