De las colecciones

Bomberos de NY



Poco antes de este período vacacional, Rebeca René, me invitó a sostener un diálogo con ella para ser transmitido por Art Podcast, que se difunde por diversas plataformas de las redes sociales y Radio Udem (Por cierto, si está usted interesado en temas relacionados con el fenómeno artístico, le recomiendo ampliamente seguir a esta chica, quien no solo cumple tareas de difusión sino también de promoción, curaduría, crítica y mercado del arte. Sin duda es de los jóvenes valores que no hay que perder de vista). 

 De los varios puntos que abordamos en esa ocasión, hubo uno que en especial me interesa mucho, razón por la que lo vuelvo a traer a colación. En varias ocasiones he insistido en la necesidad de, primero, crear una cultura fotográfica en la ciudad, para, después, fortalecerla. En realidad no es nada que no esté sucediendo ya, solo que se encuentra en estado de dispersión y auto desconocimiento, de ahí la importancia que tiene la oportuna y expedita difusión de inauguración de muestras en las que se exhiban imágenes fotográficas o con este origen, cursos, seminarios, viajes, becas, todo tipo de convocatoria que tenga que ver con la fotografía, programas como el de Rebeca René, los Miércoles fotográficos, incluso estas líneas y algunos otros esfuerzos colectivos o individuales con objetivos similares, su conjunto es como la argamasa con la que ha de unirse y así sostenerse toda la actividad que hay en torno a la fotografía. De lograr lo anterior, es decir, cambiar el modo dispersión y auto desconocimiento, por el de comunidad consciente, se lograría la primera parte, crear, contar, con una cultura fotográfica, que hace circular conocimiento y práctica de la fotografía en Monterrey. Para su fortalecimiento no solo deberíamos aumentar el volumen del tema fotográfico en la ciudad, sino ir incorporando nuevas cuestiones tan importantes como la práctica misma. Me refiero a asuntos como la conservación, restauración y preservación de las imágenes en cualquiera de sus soportes, la educación –para los productores y el público en general--, el mercado del arte, y uno que me parece fundamental, la formación, creación y/o documentación de colecciones, lo que a su vez da paso al estudio y reflexión sobre nuestra propia historia de la fotografía, sin la cual, sin su aportación, no se va a ningún lado.

 A mediados de este mes, el Museo de los Bomberos de la ciudad de Nueva York, presentó en exhibición una brillante colección de fotografías de bomberos de aquella ciudad. La colección, que se debe tanto al trabajo que ha realizado la fotógrafa Jill Freedman siguiendo el quehacer de los traga humo, como de las imágenes que ha rescatado de las tiendas de antigüedades, pulgas o mercados trashumantes. El resultado es una interesante muestra no solo de lo que hacen estos hombres en su trabajo y el riesgo que ello conlleva, sino también durante sus períodos de espera y de convivencia entre ellos y sus familias, como también los de duelo o convalecencia hospitalaria. Una buena manera de dar a conocer a públicos más amplios en qué consiste ser bombero y fomentar su aprecio y ganar la gratitud de la población. 

 Desconozco si aquí en la ciudad, existe una colección tal, es más, no sé si debiera existir, pero de lo que sí estoy casi seguro, es que un investigador bien formado y con ganas de aportar, podría formar, curar, como se dice hoy día, una exposición, que aunque probablemente fuera pequeña, nos podría dar mucho de lo que han hecho o hacen nuestros bomberos; con un trabajo realizado de esta manera bien se podría crear una colección que iría creciendo conformen la fueran alimentando diversas donaciones. 

 Lo que quiero decir, es que una colección puede tener muchos orígenes, desde ser el legado de una persona o institución, hasta ser formada a partir de seleccionar un tema de distintos acervos. Pero para que esto suceda se requiere no solo de investigadores capaces, sino de accesos a los diferentes acervos que puede haber en la ciudad, y después contribuir y estar de acuerdo con que se consolide y permanezca, accesible, en alguna institución. Y esta es una de las actividades más sofisticadas que pueda tener una comunidad. De alguna manera, también ya se ha hecho con el programa Imágenes de nuestra memoria (vols.1,2,3) que emprendió hace años la Fototeca del estado. Temas no faltan, por ejemplo, en una ciudad tan futbolera como la nuestra no hay una colección púbica de este deporte y estoy seguro de que se lograría armar una extraordinaria colección. 

 Con la actual estructura con que funciona la Fototeca del CONARTE, no estoy seguro de que pudiera emprender este tipo de proyectos o siquiera de apoyarlos. En la medida que lográramos dar estos pasos hacia delante estaríamos, efectivamente, consolidando nuestra cultura fotográfica. 

 Que el año que se avecina sea para usted y los suyos de paz y prosperidad.

Publicado en Milenio Diario
Imagen: loeildelaphotographie.com

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