Un monumento, una protesta, una historia


4.8 millones de pesos, ¿qué se podría hacer con esa cantidad? No son las perlas de la Virgen, pero tampoco es semejante a las miserias que maneja la 4T, ¿a poco no se podría haber dotado con algo mejor a este lugar, con el mismo significado, con la misma importancia? Se me agolpan estas preguntas y algunas más mientras contemplo un par de placas, en la de la izquierda se lee “La fuente de la vida, EL AGUA. Gobierno del estado de Nuevo León. Diciembre de 1984.” A la derecha la otra “La Fuente de la Vida. Rehabilitada y reinaugurada en noviembre 2022 por el gobierno del Nuevo Nuevo León (sic)”. Estoy, pues, al frente del esperpéntico monumento conocido como La Fuente de la Vida, en pleno centro de la Ciudad de Monterrey, sobre la llamada Macro Plaza, y que el pasado jueves 3 se “reinauguró” después de la restauración de los tres conjuntos escultóricos que le dan forma y que consistió en quitar sarro, moho y demás dolencias provocadas al metal por el medio ambiente, y chalpaquéarlas con una substancia que asemeja el barro fresco (café casi oscuro), pero que se podría decir están cubiertas de cualquier otra materia (orgánica o inorgánica) de color similar. 

 Para mi desgracia, me doy cuenta de que a la fuente de marras llegan familias, parejas, niños, a fotografiarse frente a ella, un recuerdo de su visita a la gran ciudad, de la declaración del novio(a), del cumpleaños. No hace mucho yo mismo defendía su existencia por ya formar parte de nuestra identidad urbana. Al pensarlo de nuevo me doy cuenta de mi equivocación, las identidades no son permanentes ni fijas, al contrario, se caracterizan por su dinamismo y adaptación al cambio, por lo que no habría gran alboroto si tan descomunal adefesio fuera substituido por algo infinitamente mejor, lo cual no sería nada difícil de conseguir. 

 A principios de la década de los años 80 del siglo pasado, cuando la ciudad vivía todo el peso del autoritarismo de Alfonso Martínez Domínguez, entonces gobernador del estado, se anunció la creación de un monumento con el que se recordará las obras hídricas puestas en marcha por el estado y que resolverían, en parte y por un tiempo, el problema del agua para la ciudad. No era ni es mala idea tener tal monumento, pero el proyecto de entrada tuvo dos graves faltas. Una, no se trató de un concurso o una convocatoria abierta, sino una decisión unipersonal, motivada por muy cuestionables intereses, aun si estos fueran únicamente de carácter estético. Y, dos, el proyecto se entregó a un auténtico desconocido que se ostentaba y se le presumía como el Buonaroti o el Bernini renacidos, por lo que su obra sería una fuente clásica en todo el sentido de la palabra a la altura de la Fontana de Trevi o cuando menos de la madrileña Cibeles. El rechazo a la obra de Luis Sanguino, su autor, no se debió ni se debe a que se le haya dado tan importante obra para los regiomontanos a un extranjero, sino que el supuesto escultor es un verdadero fraude, más malo que el que propuso a Mazinger Z para substituir al monumento a Colón en la Cd. De México, y eso ya es mucho decir. 

 En ese momento, como ahora, me pareció una burda imposición y no solo a mí, sino a un nutrido grupo de productores de todas las áreas (artes visuales, arquitectos, danza, música, letras), que iniciaron una serie de protestas a través de diferentes medios, ya fuera la prensa y la televisión como en actos públicos. Se entrevistó a especialistas en la ciudad de México sobre los méritos de este personaje y de su futura fuente, resultó no sólo reprobado, sino que desde la capital también se sumaron a las protestas. Todo este movimiento se puede seguir en las páginas de la Sección Cultural del periódico El Porvenir, plataforma en la que se ventiló todo el asunto y en donde se dio prioridad a trasparentar toda la información que se obtenía al respecto. Esta inconformidad y las protestas que hubo, que como se ve de nada sirvieron, culminaron con una gran fogata a la que se invitó a todos los productores, pero también a cualquiera que se sintiera igualmente agraviado con la construcción del monumento. La finalidad fue hacer una gran pira en donde se ofrendará la obra personal en contra de la Fuente de la Vida. Ahí quemaron su obra Enrique Cabales, Claudio Fernández, Adriana Margain, Sergio de Osio, Roberto Ortiz Giacomán, Aristeo Jiménez, Óscar Estrada de la Rosa, Graciela González, Geroca, Margarito Cuéllar, Xavier Araiza, María Belmonte, Felipe Montes, Adán Lozano, Ricardo Padilla, Juan Carlos Merla, Juan Alberto Mancilla, Raúl Rubio, Benjamín Palacios y muchos, muchos más que estuvieron de acuerdo en inmolar su trabajo que, además, no era valorado al mismo nivel que el del Sr. Sanguino. 

 Terminó diciendo que me han decepcionado, por su falta de visón, el gobernador del estado, por su incapacidad para presentar alternativas válidas la secretaria de Cultura y la Presienta del CONARTE y en general todos, por su corta memoria histórica y por lo poco que ayer como ahora, se toma en cuenta la opinión de los nuestros.

Publicado en Milenio Diario
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