Canijo Recuento



El Diccionario de la Lengua Española ofrece hasta tres diferentes significados para la palabra Canijo, ja. Escoja la que usted cree le va mejor a este evento. 

El pasado 12 de marzo, aprovechando que fue uno de los primeros eventos oficiales, post-Covid, es decir presenciales, la Fototeca de Nuevo León, abrió al público, con dos eventos, la exhibición intitulada Recuento 1999-2020, premios del Salón de la Fotografía. Con el primero, conmemoraron, además, el día del Patrimonio de Nuevo León. A través de esta exhibición, efectivamente, se da a conocer una parte del Acervo de la Fototeca, de sus colecciones de Fotografía Contemporánea y, por tanto, del Patrimonio del Estado. La segunda parte, en otro horario, pero con el mismo escenario, fue la inauguración propiamente dicha de la exposición.

 Una de las dudas que me surgen después de recorrer la muestra, es hasta qué punto estos dos años de pandemia han afectado aspectos tan aparentemente lejanos, como puede ser la producción y apreciación de la fotografía. No puedo evitar la sensación de ver una enorme brecha entre lo que en aquel entonces se producía y premiaba y lo que hay hoy en día. Como si hubieran desaparecido estos dos años de pandemia y estuviéramos en presencia no de una muestra histórica –como de hecho lo es—sino de una momia con ropas contemporáneas.

 A lo anterior habría que abonar que lo largo de los 21 años que cubre la muestra el evento sufrió una serie de modificaciones que forzosamente afectaron, uno, la producción de ese momento y los siguientes, y, dos, las expectativas sobre qué esperar de la producción fotográfica en nuestro estado. ¿Hasta qué punto, por ejemplo, la intervención de un curador invitado, responsable del salón, es decir de la exposición final, modificó pautas técnicas, temáticas, de presentación, para conducirlas por otro camino hasta el siguiente año o realización del evento? Dígase lo mismo respecto a otros cambios que se fueron introduciendo, supuestamente para contar con un mejor y más justo evento. Lo anterior me lleva a cuestionar si los resultados que vemos son más producto de esos cambios en el formato y organización del evento, que del desarrollo natural de la fotografía que se hizo y hace en Monterrey. 

Hay algo tramposo –no digo de que sea intencionado—al colgar el premio o premios de 1999 y tres fotografías más adelante, los que abrieron el nuevo siglo, casi por obligación serán diferentes, lo que no sé –porque no se ven como evolución, crecimiento, transformación—es si se debe a que representan momentos de producción distintos o son producto, como ya he dicho, de decisiones diferentes tomadas por personas igualmente diferentes, en circunstancias desiguales (me refiero a quienes los premiaron). Creo que para evaluar con mayor justicia estos premios, deberíamos ver algo más del contexto en que se gestaron (en ese sentido ayuda la exposición de los catálogos de cada evento, aunque no sé qué tanto liguen los espectadores una cosa con la otra). Todo premio, actual o del pasado, es producto de las obras que no son premiadas, volverlas a ver, nos dejaría entender –idealmente—por qué se premió esta y no otra pieza. 

Dos trabajos me permitirán, espero, ejemplificar lo que he estado apuntando. El primero de ellos es el la que obtuvo el premio en el 2001, ABC de la evolución. De la serie Kil the Koll SKoll de Francisco Larios, un trabajo, de los pocos que hay, que no sólo resiste el paso del tiempo, sino que en la ciudad inauguró el debate entre las imágenes análogas y las digitales. La decisión de distinguirla fue la fractura necesaria para la producción y presentación cada vez más numerosa, aunque nunca mayoritaria, de este tipo de obra. 

Mi segundo ejemplo viene de un hecho por demás bochornoso, me refiero a los trabajos de Oscar Fernando Gómez Rodríguez, presentados como parte de la serie La mirada del taxista, que obtuvieron el premio en el 2008. Por desgracia sus fotografías representan ese lado perverso que puede tener cualquier premiación, al hacer pasar gato por liebre. Este premio debió darse a la mejor creación de un fotógrafo ficticio. 

Las citas a Larios y Gómez Rodríguez son como las dos caras de una misma moneda, por una parte, las consecuencias positivas que puede traer un premio, pero, por la otra, lo fácil que es adulterar y pervertir un reconocimiento. 

Después de esta exposición, quizás sea necesario un replanteamiento post-covid de este tipo de eventos –premios, salones, recuentos, etc.— como para darle otra vuelta de tuerca al mismo tema.

Publicado en Milenio Diario

Se puede ver también en www.artes2010.wordpress.com

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