Retrato y parecido

Elizabeth Vignée-Lebrun. Retrato de las Grandes Duquesas Alejandra y Elena Pavlovna. 1759-57


Quisiera dejar fuera de este texto, el argumento central sobre el retrato de identificación, el cual señala que la relación entre el referente y su significado se debe más a una convención sociocultural que a una representación fiel. 

 Hace unos días me topé con una pintura que me ha dejado, además de admirado, con una serie de observaciones que quisiera, por lo menos, dejar planteadas aquí. Se trata del Retrato de las Grandes Duquesas Alejandra y Elena Pavlovna, pintado entre 1795 y 1797, de Marie-Louise-Élizabeth Vigée-Lebrun (1755-1842), autora de una amplia galería de retratos Rococó de personajes de la realeza y aristocracia de la época. Hay algo en los rostros tranquilos y seguros de estas rubias hermanas que no deja de seducirme, es tal la capacidad de Vigée-Lebrun, que, al observar la pintura pienso, entre otras cosas, en la belleza que debieron tener las duquesas. No obstante, al buscar otros retratos de ellas, de Alejandra, por ejemplo (el de Johan Baptist L., o de Dimitri Grigoryevich), me topo lamentablemente con el retrato de una persona que difícilmente recuerda la hermosa niña pintada por Lebrun. Son, por supuesto, retratos de una mujer mayor y quizás realizados por pintores menos hábiles que la francesa; con todo, de no ser por la cédula, no creo que se pudiera llegar a establecer el parecido. 

Con sus asegunes esta situación se repetirá cada vez que hagamos el mismo ejercicio y, sin embargo, no parece haber sido obstáculo para apreciar --cuando había que hacerlo-- cuantos retratos de una misma persona se pintaran, o que en la literatura de la época, se mencionara como un error, una deficiencia de la misma pintura. Siglos después, sabemos y aceptamos que si son diferentes los retratos entre sí, se debe no a la pintura, sino a la mirada de los pintores que los realizaron, la cual, no puede ser menos que distinta en cada caso. 

En nuestros días, la fotografía, es acusada, más o menos, de lo mismo, principalmente tratándose de imágenes digitales tal y como lo presentamos la semana anterior. En otras palabras, gracias a los software especializados en el tratamiento de las imágenes electrónicas el retrato de una persona se puede alterar a tal grado que no se parezca a ella misma, ni a otros retratos que se le hayan hecho. Claro, aquí también es determinante la mirada del fotógrafo que tome la imagen, pero aun y cuando sea distinta a otros retratos de otros fotógrafos, se mantendrá una misma identidad entre todos ellos. Esta situación, además de otros aspectos, no es sólo la que ha hecho que se dude cada vez más de las imágenes que vemos, sino que se cuestione la capacidad de la fotografía para reflejar, lo que cada quien entienda, por realidad. 

Guillian Wearing. Selfportrait at Three Years Old.


Esta que parece ser una desventaja intrínseca de las imágenes digitales, ha llevado a que algunos fotógrafos la exploren dando por resultado una importante cantidad de trabajo creativo que lleva la discusión a otro nivel. Tal es el caso de la inglesa Gillian Wearing (Birmingham, 1963), quien presenta en el Museo Guggenheim de Nueva York la exposición Wearing Masks, su primer retrospectiva en América. 

 Participe de una larga tradición de artistas que a lo largo del tiempo se han sentido seducidos por las máscaras, Wearing se sitúa al lado de Claude Cahun, Marcel Duchamp, Man Ray, y más recientemente de Cindy Sherman o Alex Prager, o sea, que buena parte de su quehacer se ancla en el autorretrato, pero siempre usando ella misma máscaras para representar distintas situaciones, emociones y personalidades. Sus máscaras son delicadas esculturas que buscan ser fieles a su referente, dejando únicamente libres los huecos de los ojos, en donde siempre aparecen, observando al y el mundo, los de la inglesa, de tal forma que aquí sí existe una barrera real entre el que observa y lo observado, entre el interior y el exterior de la fotógrafa. Además, el uso de las máscaras le permite viajar en el tiempo, lo mismo al pasado que al futuro, para recrearse a sí misma como mujer adulta, niña, o alguna de las mujeres de admira. Luego entonces, las fotografías que logra son también parte de una memoria individual y colectiva, recuerdos que se transforman en imágenes. 

La imagen, sea pictórica o fotográfica, como la de cualquier otro medio, tiene la capacidad casi infinita de ajustarse a las necesidades y exigencias de su época, puede recrear la belleza como en el caso de Vigée-Lebrun, o cuestionar nuestra identidad como lo hace Wearing, en cualquier caso dependemos de ellas para conocer uno u otro extremo.

Publicado por Milenio Diario
Se puede ver también en www.artes2010.wordpress.com
Imágenes: wikihashtag.com
guggenheim.org

Comentarios

Entradas populares