Un cuento de Navidad


 

Cuando me hicieron llegar la invitación a la exposición de Alfredo De Stefano, Desiertos, abierta al público el pasado sábado, pensé que esta era la mejor manera de terminar el año y más si el sitio en que se llevaría a cabo podría llegar a ser un nuevo espacio para la fotografía, StoneTree tower. Qué mejor cuento de navidad podría desear. 

 Con estas ideas en la cabeza, llegué al lugar, nada más bajar del auto fui alcanzado por el fantasma de las exhibiciones pasadas. Me llevó a recorrer salas de exhibición vacías, inauguraciones que jamás se llevaron a cabo por falta de quorum, vimos a dueños de galerías que se veían obligados, ya quebrados, a cerrar sus establecimientos, y lo más triste, productores, fotógrafos y pintores, escultores, dibujantes, regalando prácticamente su trabajo para poder llevar un plato de sopa caliente a la mesa de sus familias. El fantasma del pasado me explicó que esa fue la realidad en que se había vivido no hacía mucho, provocada, principalmente, por no haber interesados, ya no digamos en comprar, sino simplemente en visitar, conocer, apreciar, las exhibiciones que se montan a lo largo de un año. 



 Al dejarme con más preguntas que respuestas y desaparecer, me topé con otro fantasma, el de las exposiciones presentes. Me advirtió que el espacio al que íbamos, además de nuevo, no estaba adaptado para montar exhibiciones y aunque el material que Alfredo había dispuesto para mostrar era, como acostumbra a hacerlo, de primerísima calidad, el resultado podría parecer un tanto elemental. Tristemente tuve que coincidir con las observaciones que este nuevo fantasma me hacía, efectivamente, las fotografías de Alfredo le quedaban grandes al lugar. No obstante, no todo fue lamento, pues el evento pudo salvarse gracias a que una de las paredes que flanquean la terraza de entrada, resultó ser una enorme pantalla –del tamaño del muro—en la que se estuvieron proyectando los trabajos de De Stefano, tanto los que estaban ahí físicamente, como otros que igualmente facilitó para esta noche; con tan “brillante” recurso la noche se vistió con los ambientes de los desiertos fotografiados, y aquí sí, como suele decirse, el tamaño importó.

 Finalmente parecía que todo marchaba sobre ruedas, hasta que mi fantasmal acompañante, me llamó la atención sobre el público, sobre los que habíamos ido a ver la exposición de De Stefano, ¿¿¿qué??? Éramos los mismos de siempre, diez, doce gentes que reiteradamente nos topamos en cuanto evento de este tipo hay en la ciudad, otras diez o más personas desconocidas y algunos más que pasaron por ahí, y como palomillas fueron atrapados por la luz de la inmensa pantalla, y párale de contar. Mi guía me explicó que a pesar de que hay más y nuevos espacios para exhibir, más y mejores productores, sobretodo de los llamados emergentes que conviven con los consagrados o de mayor trayectoria, a pesar de la mayor difusión que tienen las noticias del mundo del arte y del conocimiento que hay acerca de estos temas, la base de público continúa siendo estrecha, no ha crecido o lo hace muy lentamente, y si a eso le sumamos las restricciones con las que tenemos que vivir gracias a la amenaza permanente del COVID, entenderemos, por qué el fantasma insistía en que si no hacemos nada por crear nuevos públicos, los demás eslabones de la cadena, por más sólidos que estén, terminarán por desmoronarse.

 Decepcionado y triste me dispuse a regresar a casa cuando me alcanzó el último de los fantasmas con los que conviví aquella noche, el de las exposiciones futuras. Algo en mi me animó pensando en un mejor futuro. Transportes públicos eléctricos surcaban las amplias, limpias y bien iluminadas calles de la ciudad, enormes espectaculares de mil colores y alucinantes movimientos coronaban los enormes edificios que se alzaban a ambos lados de las calles, mismos que ocasionalmente se abrían para dar paso a cuidados y variados jardines públicos llenos de visitantes que salían de cafeterías y tiendas de regalos y curiosidades, de manualidades. Era, efectivamente, un sueño esta ciudad del futuro, sin embargo, se me ocurrió preguntar a mi etéreo acompañante por las galerías de arte, me entró curiosidad por ver cómo serían en el futuro y…¡¡¡oh, sorpresa!!!! Habían dejado de existir hacía muchos años tantos que mayoría de la población las desconocía. Cansados de tanto esfuerzo y de las pocas satisfacciones que obtenían, dueños de galerías, promotores y productores, había decidido migrar hacia las redes sociales…. ¡¡¡¡¡¡No puede ser!!!!!! En ese momento, afortunadamente, desperté.

Publicado por Milenio Diario
Se puede ver también en www.artes2010@wordpress.com

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