"Me pareció ver un lindo gatito"


 De los cientos de imágenes que, como todos, veo a diario, hay un tipo que me resulta particularmente odioso por cursi y blandengue, las imágenes de gatitos, perritos, patitos, pajaritos, cerditos, etc., no es que tenga algo contra los animales, pero sí me fastidia que la gente emplee estas fotografías para que los demás veamos lo empático, sensibles y tiernas que son. 
Con este prejuicio a cuestas fui a ver la exposición intitulada Imágenes emergentes 2021. Distancias divergentes, inaugurada el pasado 23 de septiembre en la Nave generadores del Centro de las Artes del CONARTE. Y digo que con este prejuicio fui a ver la muestra porque, precisamente, tuvieron el pésimo gusto de acompañar la imagen del evento (flyers, cédulas de sala, díptico de mano, acceso a la sala de exposiciones, etc.) con un close-up de una linda gatita, Nina, que nos observa quietecita con sus grandes ojos azules. En mi caso, por lo menos, la imagen del gato como alegoría de los días que hemos tenido que permanecer encerrados en casa por la pandemia, no sólo no funciona, sino que me molesta por su facilismo. 

Consciente de que en gustos se rompen géneros y de que no debía dejarme llevar por esa primera impresión, me apresté a ver y conocer lo que me ofrecían estas imágenes emergentes. Una primera duda que me asalta de inmediato es ¿de dónde emergen?, es decir, ¿de dónde salen? Emerger significa salir de algún medio (del agua, por ejemplo) o bien aparecer de detrás o del interior de otra cosa. Me parece que este no es el caso y más si leemos que la intención de la exhibición es “... apoyar la inserción en el circuito de las exposiciones (¿cuál y cuáles?) a los creadores participantes.” Aclarando que lo presentado es resultado de una convocatoria lanzada este mismo año, convocatoria dedicada, por supuesto, a quienes producen “imágenes emergentes”. Mucho rollo para decir que se trata de productores que no se han incorporado aún, o no plenamente, al circuito comercial de la fotografía, lo cual se espera ocurra gracias a esta exposición, es decir, es deseo de los organizadores que la muestra sirva de escaparate a esta selección de imágenes y autores.

 Si volvemos a la alegoría del encierro, de la pandemia, de las distancias reales entre unos y otros, de la ubicua presencia de la pantalla del ordenador y de la TV, de la ficción a la realidad y viceversa, de la enfermedad y muerte, en verdad, no encuentro nada de eso en las imágenes expuestas, o, mejor dicho, ninguna de ellas parece nacer, explícitamente, de esta situación, ninguna de ellas habla, denuncia, expone, se muestra a favor o en contra da la situación por la que todos pasamos. 

Por lo visto y por pláticas con algunos productores, sé que este año y medio que llevamos de pandemia ha dado lugar a muchos y muy variados proyectos que pueden ser directamente atribuidos al mortal covid, desde las imágenes de vecinos conviviendo desde sus balcones, los cientos de retratos con cubre bocas de todos tipos y colores, de los mismos cubrebocas en la basura, en el arroyo, en bolsas, contaminando parques y calles, de ciudades vacías, hasta el uso del Zoom u otras plataformas para generar proyectos colectivos; de hecho creo que podríamos trazar una línea de tiempo siguiendo los diferentes proyectos que se han ido generando desde que supimos de la amenaza hasta la llegada de la vacunación masiva. 



Pues bien, nada de esto alcanzo a ver en la exposición, salvo quizás, la pieza que no es estrictamente fotográfica de Humana y Generosa. A lado de esta pieza, la que, sin duda, me parece, hace que valga la pena la vuelta hasta el Parque Fundidora, es el vídeo de Bertha Montalvo, De la serie la máquina de influir, estudio de conducta en personas entre 2 y 80 años, Trump, nada nuevo en cuanto recurso tecnológico, pero sí una muy inteligente y precisa aplicación de este, con un objetivo claro y bien logrado. Salvo este video de solo un minuto de duración los otros tres o cuatro que se exhiben carecen de interés. 

Y, desgraciadamente, lo mismo se podría decir del trabajo de estos veinte y tantos productores participantes que necesitarán revisar de los conceptos que están detrás de la fotografía de calle, la construida y hasta la experimental. El uso de drones u otros recursos tecnológicos no hacen ni mejor ni más moderno, o más emergente, lo que se lleva a cabo. 

Quiero pensar que mi aversión a las imágenes de animalitos tiernos, graciosos y adorables, nada tiene que ver con mi apreciación de esta muestra (de hecho, no hay en ella ninguna de estas imágenes más que la referida), y que más bien resultó ser, simplemente, pobre.

Publicado en Milenio Diario
Se puede ver también en: www.artes2020.wordpress.com

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