Promoción y difusión de la fotografía

La semana anterior se llevaron a cabo dos de los eventos más  importantes dedicados a la fotografía en nuestro país, la 4ta. edición de Zona Maco Foto y la décimo novena del Encuentro Nacional de Fototecas, en la ciudad de Pachuca, sede, como se sabe, de la Fototeca Nacional, dependiente del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) (otros dos de estos eventos, a nivel nacional, serían Foto México y la Bienal de Fotografía, que son promovidos por el Centro de la Imagen, que, a su vez, depende directamente de la Secretaria de Cultura. Junto al ya mencionado SINAFO, serían las dos herramientas con que cuenta el estado mexicano para diseñar, administrar y ejecutar sus políticas respecto a la fotografía y la imagen [no cinematográfica] en general.

            Permítanme detener en este punto. Con el cambio que se avecina en el gobierno federal, no se sabe a ciencia cierta qué es lo que sucederá con estas iniciativas y eventos, como tampoco se sabe mucho de lo que pueda pasar en la Secretaria de Cultura y programas como los de apoyo a los creadores. Esperemos que por fin se publique la ley general de cultura y se mantengan por lo menos estas actividades o se les de nuevo y eficaz impulso, aunque viendo que no alcanzaran los dineros para otras obras, no sería sorpresa que se recortaran los presupuestos en estas áreas, pues, como siempre, no son prioritarias).

             Zona Maco Foto pretende convertirse en la referencia comercial de la fotografía en nuestro país al abracar desde la fotografía histórica a través de la venta de ejemplares vintage, hasta la fotografía contemporánea. En esta ocasión contó con la participación de 18 galerías nacionales e internacionales (sólo una de Monterrey, GE) y con stands de siete casas editoriales, de Aperture, por ejemplo, a las dedicadas a la comercialización de las ediciones de autor.

            En ambos eventos, lo mismo que en prácticamente todas las ferias o foros dedicados a la fotografía en el mundo, hay un tema que desde hace tiempo ha venido ganado el interés y atención de propios y extraños, me refiero al Foto-libro, al grado de ya haber eventos dedicados en exclusiva a su promoción, venta y reflexión.

            Hasta el momento, no conozco una definición exacta y de aceptación universal, de Foto-libro, ya que en ocasiones se confunde con el libro-de-autor o con el libro-objeto, quizás lo que une a estas opciones de edición (ya que ha eso se refieren) es que su tiraje es reducido (incluyendo los ejemplares únicos) y su impresión es manual o por medios analógicos rudimentarios. No hay, tampoco, un acuerdo general del porqué de su éxito, por qué hay cada vez más productores que deciden dar a conocer su trabajo por estos medios y/o por qué crece el número de interesados en su producción y comercialización, así como, incluso, en su colección. Las razones van desde ser plataformas por medio de las cuales se pueden dar a conocer trabajos sin censura, por ser formas de colaboración multidisciplinaria que no se dan en otros campos (literatura-artes visuales, por ejemplo), por una especie de nostalgia de formas promocionales pre-redes sociales, o simplemente porque a falta de galerías en donde exponer fotografías, el Foto-libro, en cualquiera de sus versiones, es una mejor y más accesible opción.

            La idea del Foto-libro no es nueva y tiene su mejor antecedente en las editoriales alternativas de los años ’60 del siglo pasado. En Monterrey, hemos tenido ejemplos por demás interesantes en este sentido; habría que recordar, por ejemplo, a la Casa Ediciones primero y luego a la revista La Palma rota. De los muchos y buenos productores y actividades que nacieron de la Facultad de Artes Visuales de la UANL por los años 80’s podríamos citar los trabajos de FOBIA, Cabrito Vudú y otras iniciativas lideradas por Enrique Ruiz A. También y entre otras, a esa extraña editorial que formaron Miriam Medrez y Adriana Margain, El Hilo y la aguja. De fines de los ‘80 y principios de la siguiente década, como no mencionar a Velocidad Crítica, sobretodo en su mejor momento cuando era diseñada por distintos productores, para convertirlo en un atractivo desplegable no solo por su contenido, sino también por su forma. Más cerca del concepto general de Foto-Libro estarían los primeros trabajos de Heriberto García, así como los de Rubén Marcos en asociación con Alejandro Cartagena y, por supuesto, los muchos que ahora Cartagena ha producido solo. A la par de la formación de la editorial Luz del Norte de Alfredo DeStefano, ha aparecido Acequia Editores, con pretensiones de promover y producir esta clase de material.

            Lo más preocupante es que el interés nacional e internacional que hay por la fotografía y ahora por esta forma de darle salida que es el Foto-libro, la historia con que cuenta la ciudad de editoriales alternas –aunque es cierto de corta vida—, de los productores existentes, es que no se ve reflejado en una mayor producción, promoción, difusión y comercialización de la fotografía. Estos son elementos fundamentales para hacer crecer una cultura fotográfica en la ciudad, pero aún hay algo que nos sigue haciendo falta.

Publicado por Milenio Diario
Se puede ver también en www.artes2010.wordpress.com
Imágenes: www.themarketink.com
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