En nombre de Todos los Santos


Fra Angelico. Todos los Santos (fragmento) 1423-24

Hasta ahora no tenía del todo claro cuál es la festividad, dentro del calendario religioso católico, a la que se dedica este día, 1 de noviembre. Por un lado, el recuerdo de los deudos se ha convertido en tal mercancía comercial que poco o ningún espacio dejan para pensar en otros temas calendarios. Y, por otro, los Santos Inocentes, que tanto nos gustan para engatusar a propios y extraños, están tan cerca, temporalmente hablando (la fecha que se dedica a su conmemoración es el 28 de diciembre) que con facilidad se confunden. 

 La fiesta de Todos los Santos, según la entiendo, es el primero y único caso que conozco de lo lento que también puede funcionar la burocracia, no sé si eclesiástica o celestial, pues en este día se recuerda a todas aquellas personas que han superado su estancia en el purgatorio y, sin ser aún canonizadas, viven la vida eterna en compañía de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, así como con todos los demás Santos que sí han alcanzado su canonización y, por tanto, y por méritos propios se encuentran en el Cielo. Al parecer el origen de la festividad se encuentra en la primitiva iglesia cristiana y los cientos de mártires que en ocasiones se ejecutaban en masa. Dado que era imposible dedicar un día en especial para recordar y reconocer el sacrificio a cada uno de ellos, se decidió, dedicar una sola fecha para honrar a todos. De ahí se extendió a la idea de que en Cielo no solo se encuentran a quienes se les ha seguido el debido proceso para acceder a la Santidad, sino también los miles y miles que, por los medios que fuera, salen del Purgatorio y van a parar a las cortes celestiales; ellos son, pues, esos otros santos, que, a falta de una fiesta patronal específica, reciben, este día, el recuerdo de la iglesia y su comunidad.

 Por tratarse de un tema asociado a personas, en principio anónimas, que ya no se encuentran entre nosotros, era de esperar que su fiesta religiosa, se ubicara contigua al día que se dedica a la otra conmemoración de los ya idos, la de los Fieles Difuntos. El asunto de la muerte, en cualquiera de sus manifestaciones, está tan cercano a los hombres, que no está por demás recordar que es en el momento en que se dispone ritualmente de un cadáver (tan sencillo como concederle un enterramiento distinto al simple abandono del cuerpo) que se cree fue ese gesto el inicio de la civilización humana. En esta misma línea, la sola conciencia de nuestra propia mortandad es suficiente para separarnos, definitivamente, de cualquier otro animal. Esto más el misterio de lo que hay más allá de la muerte, son los motores que han dado vida a todas las culturas habidas y por haber.

 Hace poco, un amigo, nos hacía la siguiente distinción. Un cuerpo sin vida no es más que un objeto, no representa a la muerte, sino que es, más bien, su evidencia. Morir es un suceso, y el cadáver es la evidencia, la prueba, que haber ocurrido tal suceso, de haber muerto. La fugacidad del evento y lo inevitable del mismo, es lo que causa inquietud, insatisfacción, y, por qué no, temor. 

 Si nos fijamos bien, no hay mejor instrumento para recordarnos la muerte o la fugacidad de la vida si se prefiere, que la fotografía. Todo lo que ella hace, todo lo que nos muestra tiene que ver con lo que ya no existe y así como un poco más arriba decíamos que los cuerpos sin vida son la evidencia de la muerte, la fotografía toma el lugar del muerto para evidenciar lo que ya no está, que ya no está con vida. 

 Además, la fotografía forma parte del complejo memoria-recuerdo-olvido. En ocasiones funciona como memoria, cuando nos permite volver a personas, objetos, situaciones, que ya no están. En otras es puro recuerdo, activa mecanismos subjetivos y emocionales, relacionados con los objetos, personas o circunstancias que reproduce la imagen. Finalmente, la fotografía es olvido, no de lo que ha retratado sino de todo aquello que no alcanzó tal privilegio y, ahora, no hay quien recuerde su paso por esta tierra. Memoria-recuerdo-memoria son los soportales de las actividades o festividades relacionadas con la muerte. Si hoy los vemos relacionados con la fotografía, la verdad es que la muerte, sostenida por este complejo, ha sido tema de las artes desde siempre y no me refiero únicamente a las visuales o plásticas, sino también de la arquitectura, la música y las letras.

 El tema de Todos los Santos no es un motivo al que se haya recurrido con mucha frecuencia, quizás no todos tuvieron esa visión un tanto alucinada de Fra Angelico, Raphael, Durero o el Greco que no solo imaginaron, sino que plasmaron genialmente, la composición “social” de la Corte Celeste. Y aunque no tengamos esa capacidad para ubicar el sitio que en el cielo ocupan Todos los Santos, no está mal haber hablado ahora en su nombre.

Publicado en Milenio Diario
Se puede leer también en www.artes2010.wordpress.com
Imagen: es.wikipedia org

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