¿Existe una fotografía de mujeres?

Ilse Bing. Autorretrato con cámara. 1931


Parte de mi vida profesional la he dedicado a encontrar, uno, algo así como la existencia o presencia de un arte de mujeres y, dos, a cómo reconocerlo. No está por demás decir que no me arrepiento de estos intentos, pues en la búsqueda de una respuesta, como en el viaje a Itaca, mucho he aprendido de ese tema y de otros tantos. Hoy, más viejo, formular la misma pregunta me avergüenza, pues me doy cuenta de que no solo es machista sino también discriminatoria. ¿Por qué habría de haber un arte de mujeres, una fotografía, o lo que fuera, de mujeres, qué acaso no todos somos iguales?, ¿no un mismo trabajo, físico o intelectual, lo puede hacer por igual una mujer que un hombre con idénticos resultados? 

 Parte de mi error, además de cultural, es metodológico, la pregunta está mal planteada, de ahí que no concluya en nada, que sea irresoluble. Si pregunto, ¿en qué es distinta la fotografía que hace una mujer de la de un hombre? Lo más probable es que concluya que en nada, que ambos trabajos pueden presentar los mismos yerros que aciertos, las mismas propuestas, que la repetición de modelos, etc., pero si pregunto ¿grupos sociales diferentes –en sexo, edad, religión, raza, geografía, educación ubicación (campo o ciudad)—hacen un uso diferente, producen, diferentes fotografías entre ellos? En este caso lo más probable es que sí se encuentre, no una, sino un buen número de diferencias entras las fotografías que han hecho cada uno de estos grupos, no porque sus miembros sean diferentes, sino por la experiencia que les brinda su grupo social, esa es la que es diferente, no el que sea negro o amarillo, ruso o ucraniano, agricultor o chofer de un colectivo, hombre, mujer o de cualquier otra modalidad no binaria. Ahora bien, ¿esa experiencia social puede ser tan definitiva como para modificar el tipo de trabajo hecho, por ejemplo, con la fotografía, como para distinguirse de otros? Responder con cierto grado de certeza implica la realización de investigaciones que ni siquiera hemos planteado como necesarias, pero que ahí están a la espera de quienes quieran seguir construyendo por este camino. 

 De acuerdo con mi experiencia, hoy día puedo decir que claro que hay fotografías diferentes, no solo lo demuestran aquellas de las que he hablado recientemente (las forenses, antropológicas, astronómicas, etc.), sino que estoy deslumbrado por la fotografía que nos llega de los países del cuerno africano, o con la japonesa, precisamente porque son distintas, nada tienen que ver con la fotografía con que me formé y sigo apreciando. Es este mismo grado de extrañamiento ante otras fotografías lo que termina por hacerlas apreciables. Por ejemplo, los trabajos de M. Tichy, el sueco John Alinder o Mike Disfarmer. 

 Para que haya estos extrañamientos, incluso para que haya una novedad –y sea reconocible como tal—es necesaria una cierta normalidad, o mejor aún un canon que sirva de baremo. Este canon, por lo regular se forma, uno, con el tiempo, y dos, con aquellas obras o trabajos considerados el culmen de una manifestación, por ejemplo, de la fotografía. Establecido el canon, todo lo que se asemeje a él será calificado positivamente, en tanto se vaya alejando van perdiendo calidad, hasta llegar a los límites externos del canon, en donde el trabajo que ahí se ubique, no tendrá ningún valor. Los extrañamientos o descubrimientos siempre provienen de órbitas intermedias, entre más alejadas se encuentren, pero conserven restos del centro, mayor será la sorpresa y apreció. Así pues, no importa si es de mujer, amarillo o Calvinista, para que sea diferente, para serlo, tan solo dependerá de qué tan lejos o cerca se encuentre de ese canon (la existencia, naturaleza y dinámica del canon, su análisis y explicación, requiere de mucho espacio y horas de meditación). 

 Hoy en día y gracias a los cambios, muchos de ellos radicales, que ha sufrido la investigación histórica, se ha ido recuperando la otra mitad de todas nuestras historias, la política, económica, social, regional, la de la cultura y del arte entre otras, es decir cada día reconocemos más y más los nombres de mujeres y otros grupos participantes, relevantes, importantes, en nuestras historias y que, en el mejor de los casos, habían sido simplemente olvidados. En ese sentido, casi podría decir que una de las historias que ha guardado públicamente el mayor número de participantes mujeres y de otros grupos, es la de la fotografía. Prácticamente, desde sus inicios conocemos nombres de mujeres que, con su trabajo la fueron haciendo crecer, evolucionar, una razón de más para expulsar de esta nueva historia, a preguntas como con la que empiezan estas líneas.

Publicado en Milenio Diario
Se puede ver también en www.artes2010.wordpress.com
Imagen: oscarenfoto.com

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